LORENA ÁLVAREZ, SU BANDA MUNICIPAL Y EL MILAGRO DE NEFERTITI

Empezó a llover y no paraba. De la montaña bajaron riadas que tronchaban los árboles. Seguía lloviendo al sexto día, cuando sacaron a la virgen con un paraguas atado con cinta aislante, en una especie de procesión plastificada. Pero nada, la virgen no hizo nada de nada.

Decidieron entonces llamar a Lorena Álvarez y su Banda Municipal, porque, como suele decirse que las personas que cantan muy mal provocan la lluvia, alguien pensó que ella con su onda, frenaría el diluvio en seco.

Lorena estaba dispuesta a intentar el milagro, pero ese día su mente andaba en otra cosa. Como el corral se había convertido en una auténtica piscina, decidió meter en la casa para que no se ahogara a la única oveja parturienta que había sobrevivido a las primeras trombas. Tras asistir exhausta el parto de la oveja “xalda”, y comprobar que por fin la criatura mamaba el calostro (así llaman a la primera leche de la madre), Lorena se hizo una promesa: si con sus canciones detenía la lluvia, cuidaría de aquel corderillo húmedo y pegajoso el resto de su vida. Pero si el concierto no servía de nada, como la procesión de la virgen, el animal iría derecho al horno con patatinas y un buen puñado de tomillo.

El público llevaba pantalones verdes con botas de pesca incorporadas, sombreros impermeables marca Goretex y hasta gafas de buceo. Cuando Lorena llegó en barca a lo alto del kiosco de la plaza, respiró como si esnifara pegamento y, en éxtasis comenzó a cantar subida en sus madreñas: "Si el amor que puse en ti, lo hubiera puesto en un burro, hubiera montado en él, y hubiera corrido mundo…”

Al poco se abrió el cielo y con los primeros rayos se hizo el silencio en todo el pueblo. Don Fermín, el cura, estaba rojo de celos; Antonia la repostera interrumpió de inmediato el amasado de frisuelos, marañuelas y carbayones; la tía Felisa apartó la labor poniendo sobre la silla el bastidor de bordar para admirar cómo se disipaban las nubes; y Paco, el tontico, dejó de machacársela durante un instante: había parado de llover gracias a Lorena Álvarez y su Banda Municipal y había salido un sol que calentaba como cuarenta demonios.

Al día siguiente Lorena, con un halo de felicidad que resplandecía, mitad indigente mitad santa, se fue a recorrer nuevos países con su guitarra y su corderillo, al que llamó Nefertiti, aunque casi siempre lo llamaba Titi a secas. No iba en burro, marchó en avión a pesar de las complicaciones que causa viajar con un animal bovino, lo que si llevó consigo fue un hatillo lleno hasta el tope: un walkman sin pilas, preservativos y la guitarra, entre otras muchas cosas útiles.

Los que conocen a Lorena sabrán que no fue especialmente extraño que indultara al cordero, lo habría hecho aunque su música no hubiera surtido efecto durante aquel famoso diluvio.

Cuentan que el día que llegó a Berlín salió el sol y estuvo brillando durante dos semanas, cosa nunca vista en aquellas tierras, solo para darle la bienvenida.

Ruralismo mágico, regalo para Lorena Álvarez y su Banda Municipal, grupo ganador del Micro-Concurso de maquetas Autoplacer, 2011.


Tradicional Sexy - Lorena Álvarez y su Banda Municipal