VERTICAL CLUB

El último club que queda no tiene casi techo, pero conserva los espejos que había en las paredes, la mayoría rotos por las explosiones.

Cuando llueve la gente se moja, pero sigue bailando. Las botas pisan los charcos, el frío se olvida, no hay guardarropa. De las copas de mezcal salen vapores, de las bocas vaho, pero nadie fuma.

Ahora se llevan las chaquetas de motorista y el cuero brilla alrededor de las improvisadas fogatas.

Alguna atrevida enseña el cuello, otra baila con los ojos cerrados. Nadie se acuerda de dar explicaciones, teorizar sobre el mundo o escalar las montañas de basura, siguiendo el camino que los devolverá a casa. Se ríen o no, pero ninguno es solemne o estirado. Algunos piensan que puede ser el último baile mientras la luna los mira a través de las claraboyas.

Cuentan que una vez en medio de la pista apareció

un puma,

una noche, mucho antes de las bombas de marzo.

Texto e ilustración propia para el Fanzine HTM #0, Madrid, 2010.


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