PROCESOS DE TRANSFORMACIÓN: LO FRÁGIL

Muchas veces entendemos la fragilidad como un estado permanente, como una propiedad congénita, inherente a los objetos y a las personas. Nos rodean todo tipo de entidades frágiles que por diversas causas presentan una apariencia débil, quebradiza y delicada. Seres vivos y objetos que despiertan en nosotros una extraña sensación, mezcla de miedo y paz, que persisten en su humilde existencia con un aspecto constante de desintegración, que parecen a punto de desaparecer o romperse en mil pedazos.

Pero la fragilidad no es una situación perenne, aparece por accidente y en ocasiones desaparece. Obligada o no, es una característica incontrolable por el ser humano, una cualidad mudable que según las circunstancias puede convertirse en un proceso más o menos duradero. Acecha, puede llegar por sorpresa y establecerse o surgir como consecuencia natural de una cadena de sucesos.

En el primer verso de Los heraldos negros, el peruano César Vallejo nos recuerda la fragilidad del espíritu ante las desgracias, “hay golpes en la vida, tan fuertes”. Este poema de 1918 ahonda en la crueldad del destino, en la duda existencial que se nos plantea y en el estupor que nos queda como sedimento por los contratiempos. Hace referencia a las heridas, a los giros inesperados que se producen alrededor y que transforman la fuerza en debilidad y la perseverancia en desfallecimiento. Este texto expresa de manera contundente el proceso de conversión de lo recio y basto en lo incierto y débil. Cambio que viene dado, en muchas ocasiones, por circunstancias ajenas a la naturaleza propia de las cosas. Reconocemos la decadencia de los materiales que construyen nuestro entorno, y nos los reencontramos transformados ya en desechos.

Identificamos la corrupción del alma, el hundimiento del ánimo y el abatimiento, del mismo modo que la erosión de la piedra en su choque contra el viento o el mar, o el lento declive del cuerpo humano en la lucha contra los años… Es la misma sensación que se produce al ver el temblor del fino cristal que vibra ante un portazo. En ocasiones ese cristal es el único escudo, una vez roto todo lo que defiende queda a merced de las circunstancias.

En efecto, todo es frágil llegado el momento, porque ni las cosas más bastas se arrostran ante la posibilidad de quebrarse. Encontramos ahí el estado más vulnerable, en el que aflora la incertidumbre o la aceptación, en el que surge la rebelión o en el que se abdica para siempre. Sucede la transformación, una catarsis con dos conclusiones posibles: la revitalización o la resignación ante los agentes causantes, a saber, la locura y el silencio, la soledad y el amor, la vejez, los problemas, el dinero, el miedo, el riesgo. Muchos son y de muchas naturalezas los posibles desencadenantes: la suerte, la religión, la situación geográfica, el abandono, los designios de lo desconocido, las decisiones equivocadas, las acertadas… El cambio es un hecho ineludible y la fragilidad está presente todas las metamorfosis.

Ése es el débil espacio de estas imágenes. Definen de varias formas el momento crítico y decisivo del cambio y su enrarecida atmósfera. Parten de perspectivas diferentes para llegar a un mismo enclave, nos muestran la evolución de los acontecimientos a la vez que sus posibles consecuencias, centrándose en la interpretación más que de un corte temporal, de un momento emocional, una especie de limbo de espera y vacilación que, independientemente de su longitud, delimita de forma simultánea el antes y el después.

Las fotografías seleccionadas aquí tienen su foco puesto en ese proceso en el que las cosas mutan, abandonando su naturaleza para adoptar otra. Son espacios de tiempo capturados con un solo disparo que nos muestran el equilibrio imposible, pero existente, entre la fortaleza y la fragilidad. Conceptos ambos que, como comprobamos en todas y cada una de estas imágenes, no son eternos, ni siquiera perdurables, vienen de un punto y van hacia otro. Porque incluso cuando parecen estables y sosegadas, percibimos en ellas la tensión de un nuevo cambio que llega.

La soledad como consecuencia del aislamiento desaparece disimulándose en el entorno como se ve en la obra de Guadalupe Casasnovas. Se trata de la misma ausencia de interlocutores que crea un delicado escenario de indolencia en las fotografías de Melba Arellano. Igualmente vemos el vacío de lo ausente y el intento de reconstruir una imagen completa, sin alguno de sus miembros, así como el retrato de una entidad fragmentada, sensaciones visibles en las fotografías de Inés Tanoira, José Luís Rodríguez Maldonado, Mayra Muench o José Díaz.

En otras ocasiones es el espacio el que determina la fragilidad. La amenaza del entorno que intimida y empequeñece ante lo inhóspito, que se traga la identidad del individuo, como muestra Juan Pablo Molina Nira o que incluso anula la idea de infancia como vemos en las fotografías de Alejandro Olivares. Son espacios hostiles, desnaturalizados o directamente artificiales, que amenazan con venirse abajo, como se aprecia en la obra de Sergio Daniel Estrada López, o en las cápsulas de protección doméstica que vemos en las instantáneas de Franco Verdoia.

Vemos cómo se experimenta el cambio en el entorno, los edificios necesitan restaurarse, las personas restablecerse, recuperarse del daño, de la vulnerabilidad o del miedo en todo tipo conatos de transformación. Esto se aprecia en las imágenes de Tatewaki Nio, Nico Ferrando o José Luis Cuevas. Es la lucha que subyace en la fragilidad o en el sufrimiento de la enfermedad, como también dejan patente los autores Alejandro Kirchuk o Karina Muench.

Esta colección de fotografías es en conjunto el reflejo de unos procesos de conversión determinados. Pasamos de una a otra con la sensación haber visto imágenes fugaces o elementos aislados que dan testimonio de un cambio, de un estado pasajero aparentemente inocuo. ¿Qué ocurrió antes?, ¿y después? No lo sabemos aunque lo intuimos. De momento son lo que vemos: entidades que quizá fueron fuertes y sólidas y ahora son, simple y momentáneamente, frágiles.

Proyecto para una exposición comisariada por Fanzine 10x15. Finalista del certamen TRANSATLÁNTICA, Photoespaña 2011.


10x15 Fanzine
Transatlántica - Photoespaña