EL AÑO EN QUE MURIÓ WHOOPI GOLDBERG

El año en que murió Whoopi Goldberg hubo tres eclipses, es decir, una clara e inconfundible señal del nuevo e irrefrenable apocalipsis. Barriobajero estaban preparados para la gran hecatombe viendo vídeos de Youtube y comiendo Ruffles. Ya habían guardado en cajas de colores los ídolos de su extraña religión, mantenida en secreto durante siglos, pero todavía faltaba empezar a hacer el inventario antes de que comenzaran los maremotos y los saqueos; porque eran los guardianes "templarios" de miles de objetos e imágenes importantes, como, sin ir más lejos, un bolígrafo de Boy George que allá por 1988 se le destintó al firmar un autógrafo, manchándole las uñas, los anillos, las pulseras y las demás alhajas neorrománticas...

Guardaban, y habría que poner a salvo sin duda, los treinta y siete jerseys estampados de rayas y motivos geométricos que tejieron los chicos del taller de discapacitados de la parroquia y pensaron que no deberían olvidar sin etiquetar los ponchos, las túnicas de Demis Roussos, los chalecos, las rodilleras y, sobre todo, las gorras con tachuelas plateadas. Lo pondrían todo junto al tándem que nunca usaban a la izquierda del tótem con forma de tablero de parchís sin fichas.

Desde el desolado campo de basket que estaba al final de la calle, todavía se oían algunas de las canciones que solían escuchar, The Fresh Prince, Vanessa Paradis, Public Enemy, Un pingüino en mi ascensor, Whigfield, Mecano, Jamiroquai… Mientras, bebían Tang y refrescos pasados de moda, Gatorade, Tab y todas esas bebidas de colores. Ya no pasarían más las vacaciones en las ruinas del Pryca recorridas una y mil veces en monopatín, donde cuentan que conocieron al chico del disfraz de Goofy y donde rezaban incansablemente por la salvación de su tribu, como conscientes visionarios del fin del mundo, sabedores de las consecuencias irrevocables de la carestía del papel de regalo.

Y justo estaban rezando esas raras plegarias de palabras inventadas como “twingo” o “guti”, meditando, reflexionando sobre aquella especie de crisis finisecular, rodeados de telas sintéticas y drogas de diseño, de moldes para galletas, de grafitis de kétchup y de gafas de hologramas; cuando sonó la primera explosión, a la que siguieron dos más, justo antes de que estallaran las tuberías y comenzara la enorme inundación, sin que les diera tiempo a ponerse los snorkels.

Texto para la exposición "Barriobajero liked this, a peripheral collection" organizada por Barriobajero en Disismaineim con la obra de artistas como Andrés Gallardo, Jonay PMatos, Rafa Suñén, Rocío Cañero o Senyor Pablo, entre otros. Madrid, 2010.


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